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XENTE DE NUESO - NUESTRA GENTE
D. Leoncio García López- Belén 1906-2009
LEONCIO

BIOGRAFÍA DE D. LEONCIO GARCÍA LÓPEZ

Este texto nos lo dejó escrito D. Leoncio y queremos difundirlo a través en nuestra Web, para que todos podáis conocer algunos aspectos de su vida de emigrante.
La parroquia de La Montaña de Ríu Negru, cuya cabecera es Belén, reconoce a D. Leoncio su generosidad y filantropía para con su gente, por las obras realizadas en Belén: arreglo de la Iglesia parroquial en 1953 y construcción del Hospitalillo y Casa Rectoral en el año 1960, así como su interés y apoyo en todas las mejoras que se pudieran conseguir para esta parroquia hasta poco antes de su muerte, ocurrida el día 4 de mayo del pasado año2009. A sus 102 años, su mente lúcida le permitía interesarse por los progresos de nuestra parroquia y aconsejarnos sobre iniciativas para fomentar la convivencia y relaciones entre los vecinos.
Así, en algunas conversaciones mantenidas por teléfono conmigo, en sus últimos meses de vida, me mostraba su deseo de volver a visitarnos y me animaba a que intentásemos darle utilidad al Hospitalillo que con tanta ilusión el había costeado su construcción.
Pero el tiempo marca siempre el fin de las cosas y D. Leoncio se fue con sus ilusiones al más allá, aquella mañana primaveral del mes de mayo. Los vecinos de La Montaña siempre lo tendremos presente.

Mª Esther García López
Presidenta de la Asociación de Vecinos
“Virgen de Belén”
Mayo de 2009.

 

 

D. Leoncio fallecio en un hospital de rehabilitacion cerca de la casa donde vivió los últimos años, en St. Davids, Pa (Pensilvania). El dia 9 de mayo se celebró la misa de cuerpo presente a la cual asistió toda su familia, que acudieron desde distintos lugares: Londres, California, South (Carolina del Norte. D. Leoncio, ademas de sus tres hijos deja once nietos y seis biznietos.
En sus últimos deseos pidíó que lo enterraran con sus padres en el Cementerio de Belén (Valdés) Asturias. Sus hijos quieren en algún momento cumplir este deseo de que D. Leoncio descanse en su tierra natal y manifiestan que relaizarán los trámites para traer sus cenizas, de momento, guardadas en la funeraria hasta poder traerlas a España.

 
MEMORIAS
FRAGMENTOS DE MI VIDA
POR LEONCIO GARCIA LOPEZ

Esta modesta biografía hace años que mi hijo Pepe me la había solicitado y quiero dedicársela a mis hijos. Mi esposa Maruja y yo tenemos tres hijos, dos varones y una hembra, Pepe el mayor, Maruchi y Leonchi el menor. Los tres nacidos en Cuba, nación querida la que adopté como mi patria porque fue en la que crecí , me hice hombre y me desarrollé muy favorablemente. A Asturias, España también la quiero porque es la tierra en que nací el 26 de mayo de 1906. Nací en el pueblo de Belén en la Montaña a 17 kilómetros de Luarca. Mis padres se llamaban José y Emilia y tuvieron seis hijos, tres mujeres y tres varones. Yo fui el quinto.
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Similar a otros relatos descriptos en la Historia de la Emigración, mi historia se puede comparar a muchas de ellas. Todos tuvimos experiencias similares, alegres unas y tristes otras pues no siempre la morriña nos afecta ni tampoco uno está exento de ella

Yo, al igual que muchos que emigraron a América, era muy joven, tenía el total desconocimiento de adónde iba, y pude convencer a mis padres que me permitieran irme de su lado. Logré que mis padres me dejaran ir a Cuba porque coincidió que dos compañeros míos del colegio, que eran dos años mayores que yo, se iban y el hermano de uno de ellos nos acompañaba porque retornaba para Cuba dónde estaba establecido desde hacía años. Con él también emigraba su hermana.

Embarcamos en el Puerto de Gijón, Asturias, el nombre del barco no lo recuerdo era español pero tenía poco de atractivo y mucho de incómodo por total falta de confort. El dormitorio era toda la parte del fondo del barco, o sea un local corrido para todos los pasajeros que dormíamos en literas de dos y tres ocupantes.

Al embarcar se nos entregó a todos los pasajeros un plato de lata, una cuchara y un recipiente también de lata para beber al que le habían fijado un asa para agarrarla, eran las latas usadas por los fabricantes de leche condensada. Este modesto servicio tenía que ser cuidado durante el período del viaje que duró doce días. Cada pasajero tenía que lavarlo en un fregadero en el que lo hacían no menos de una docena de personas a la vez. Todos los días había que abandonar el dormitorio entre las 8 y 10 de la mañana En ese tiempo desinfectaban el dormitorio con un gas que se producía al quemar un producto químico. El gas se esparcía por todo el local de varios metros cuadrados y había que esperar a que el gas se desapareciera del todo para retornar a dormitorio.

Solamente España y Portugal usaban esos tipos de barcos. Para que se den cuenta de lo malos que eran se les tenía prohibido entrar en los puertos de los Estados Unidos hasta que no mejoraran los mismos. Al correr de los años hice veintidós viajes a diferentes puertos de Europa pero nunca más usé un barco tan malo como ese. Varios fueron muy buenos y uno de ellos entre Francia y los Estados Unidos, llamado Normandy era considerado el mejor que cruzaba los mares en aquellos tiempos.

Parte de mi situación y mi llegada a Cuba es lo que detallo a continuación. Llegué a La Habana un 20 de mayo de 1920 y cumplí los catorce años el 26 del mismo mes. Al llegar no pude abandonar el barco porque un primo mío no presentó a tiempo una solicitud en la que el se hacía responsable de mi estancia en Cuba. Pasé dos días y dos noches en un campamento llamado Tricornia dónde se tenían que quedar los inmigrantes hasta que un familiar los reclamara. Un par de días después de salir de Tricornia, comencé a trabajar en un pequeño comercio de comestibles y licores llamados en Cuba bodegas.

El sueldo era poco y las comodidades de dormir, comer, etc. mas difíciles que favorables. Dormía en un catre que había detrás de la bodega y las horas de trabajo eran de 7 de la mañana hasta la medianoche. Como era un jovencito que todavía no había alcanzado mi estatura de hombre me subía a un taburete para poder alcanzar al mostrador y despachar a los clientes. Sin embargo me fue fácil realizar ese trabajo y en pocos meses me subieron el salario porque además de ser espabilado era muy activo y sabía desempeñarlo todo bien. Mi madre por mucho tiempo trató de que yo regresara a España para tenerme a su lado. Fue varias veces a ver la familia de un vecino que se encontraba en Cuba para que él me convenciera de regresar a la casa, pero no lo logró porque yo ya me había acostumbrado al país, al medio en que trabajaba y al trato que me daba mi empleador.

Trabajé con tres hermanos. Cada uno de ellos estaban establecidos y los tres me consideraron capaz de ocupar los puestos que me dieron en sus respectivos negocios. Mientras desempeñaba mi tercer trabajo el hermano de un señor que tenía una bodega y que tenía que ingresar en el Sanatorio de la Quinta Covadonga por un tiempo indeterminado me hizo una oferta de trabajo en el que el 50% de las ganancias serían para él y el otro 50% para mí. En esa época yo tenía 16 años y unos meses. Los dos empleados que iban a trabajar conmigo me llevaban dos años.

Acepté la oferta y en vez de limitarme a continuar el sistema que el dueño tenía, cambié el ambiente y la calidad del servicio a los clientes. En frente de donde estábamos había una fábrica de gaseosa llamada “La Española” y sus empleados en vez de venir a nuestra bodega, visitaban dos comercios que había en las dos esquinas de la calle. Poco a poco me fui ganando la confianza de los empleados y conocí la causa por la que preferían los otros comercios. Consistía, en que a dónde iban les servían los licores que consumían de las botellas originales, mientras en donde yo estaba tenían la costumbre de rellenarlas con la que compraban en garrafones de 16 litros a precios mucho más baratos. Eliminé los garrafones y comencé a abrirles las botellas en el momento que pedían las marcas que les interesaba. No importaba la cantidad que aun quedara en las botellas que yo abría una nueva, hasta que ellos se dieron cuenta y me empezaron a decir que no necesitaba abrir una nueva botella mientras que en la anterior quedara licor. El cambio fue increíble. Los clientes hasta invitaban a otros que anteriormente se reunían en las otras cantinas para que vinieran con ellos a la nuestra.

En las llamadas bodegas se vendían licores y artículos de alimentación o sea, todas la líneas de víveres necesarias para el consumo de las familias. De aquella también se vendían plátanos y viandas. Aunque era costumbre comprarlas en los mercados de frutas, nosotros estábamos a corta distancio del Mercado Único, que era el que distribuía para toda la ciudad. Yo iba, compraba la mercancía y luego me la llevaba cargada al hombro, pues si pagaba para que me la llevaran costaba más que la utilidad que nos daba la venta de los productos.

En el almacén de la bodega me encontré con varios sacos de arroz que ya habían desarrollado los gusanos llamados gorgojos, que afectan a todos los granos cuando llevan mucho tiempo guardados y el calor estimula su desarrollo. Hice unos carteles ofreciéndolos a casi la mitad de su precio. Los que pasaban por la bodega especialmente las personas que vivían en barrios de familias de modestos ingresos y algunos de ellos que tenían gallinas compraban el arroz en sacos de 25 libras diciendo que era para las gallinas. No faltaba el vecino que si se encontraba en la bodega cuando oía a otro decir que era para las gallinas, comentara “Dice que es para las gallinas, pero tiene varios hijos y es para los animales y para la familia”.Esta venta ayudó a que también compraran otros productos y como el arroz hacía tiempo que se había comprado su venta resultó todo en ganancia.

Cuando el dueño de la bodega salió del sanatorio nos repartimos lo que había de ganancia. Él quiso quedarse con la dirección del negocio y yo lo dejé con mas o menos la misma mercancía que tenía cuando yo empecé a administrarlo. Con lo que me tocó en el reparto y lo que yo había ahorrado de mis anteriores trabajos reuní un total de $1,235 y me asocié con un dependiente que llevaba algún tiempo trabajando en una bodega y conocía la marcha del negocio y la clientela. El tenía otros $1235 y compramos la bodega en la que él estaba por $8,500. En esa época yo tenía dieciocho años y tres meses de edad.

Nos quedamos con el empleado que ya trabajaba en la bodega y sabíamos que valía. La deuda a pagar era de $250 mensuales. Cuando fui a pagar la última cantidad adeudada al apoderado del dueño de la bodega, le dije que nos habían hablado de otra bodega localizada en la esquina de Figueroa y Lacret, que se vendía porque el que la había preparado para abrirla no podía hacerlo por faltarle el crédito y el efectivo. Le expliqué que yo tenía un amigo que trabajaba de compañero conmigo y que yo estaba seguro que si yo lo ayudaba a dirigirla él podría salir adelante pero que me hacían falta $2,000. Me contestó que su primo los tenía y que me los prestaría al 6%. Se los facilité a mi compañero al mismo interés y el total que se invirtió fue de $4,000. Hubo un problema que causó que el saldo de la deuda demorara unos meses pero al final todo salió bien.

En el año 1926 me establecí por mi cuenta. Compré un bar cafetería ubicado en la Habana en la esquina de las calles Cuba y Chacón. Enfrente se encontraba un cuartel de la policía. Tenía entonces veinte años. El negocio lo fui desarrollando exitosamente gracias a la experiencia adquirida con mis otros trabajos. Al año siguiente dí un viaje a España a ver a mis padres y convencí a mi hermana Socorro a que viniera conmigo para Cuba. En 1935 mi hermana contrajo matrimonio con Pelayo Bergueiro, uno de los amigos míos que frecuentaba mi cafetería y que después se convirtió en mi socio en el negocio del laboratorio. De esa unión nació una niña, mi única sobrina Emilita en el año 1936.

Comienzo ahora el relato de cómo surge el Laboratorio OM.
Mis hijos y muchos amigos a través de los años me han preguntado en distintas ocasiones, como yo de dependiente de bodega llegué a ser el Gerente y fundador de un negocio tan complejo como el de fabricar productos farmacéuticos de prescripción médica Pues bien, en el año 1935 hice un viaje a España a la casa de mis padres. A unas semanas de estar allí me apeteció hacer un viaje a Madrid. En la estación dónde tomé el tren adquirí el periódico ABC que se publica en Madrid y en la lectura del mismo encontré un anuncio en el que un enfermero aplicaba en su consultorio inyecciones del producto cromacrina para la cura de la blenorragia. Enfermedad que estaba muy extendida, y especialmente en Cuba por la cantidad de varones emigrantes solteros.

Aunque se emplean mucho los anuncios que aseguran curar tal o cual cosa y uno puede dudar de su credulidad, también no hay duda que si no tuvieran algo de cierto no se venderían los productos y no se podría sostener el costo de los anuncios. Ya en el hotel de Madrid y después de darme una ducha porque en aquel entonces el combustible de los trenes era carbón de piedra y era increíble la cantidad que se le acumulaba a uno en el cuerpo y en la ropa, fui a ver al conserje que también atendía el teléfono. Le expliqué que yo residía en Cuba y que me había llamado la atención el anuncio que le mostré y que me hiciera el favor de llamar por teléfono a la consulta. Al comunicarme con el enfermero le expliqué que tenía interés en visitarlo que pagaría lo mismo que le cobraba a los pacientes si me facilitaba información seria y verdadera del producto, tratamiento, etc. Su contestación fue que si iba por allí sería totalmente cierta la información que me daría. Que también me daría muestras del producto, y la dirección del laboratorio que estaba en Granada. Cuando me puse en contacto con el laboratorio me preguntaron que si yo era doctor o farmacéutico y yo les respondí que era negociante y que estaba interesado en importar y representar sus productos en Cuba.
Logré interesarlos y hacer negocio con ellos.

El año 1935 junto con mi cuñado Pelayo empecé a desarrollar el negocio del laboratorio. Pelayo se ocupó de visitar a un enfermero que tenía su consultorio en el Centro Gallego de la Habana para que nos ayudara a introducir el producto y el enfermero prometió usarlo tan pronto tuviese la oportunidad, pero que era conveniente que le facilitáramos mas cantidad para tener suficiente con que tratar a los pacientes. Este sencillo relato fue el orígen del Laboratorio Om, que consiguió ocupar uno de los primeros puestos en Cuba, tanto en capacidad de producción científica como en venta de medicamentos farmacéuticos por prescripción médica.

En el año 1936 el mismo año en que nació mi sobrina Emilita y antes de que se declarara la Guerra Civil, fui a España a visitar a mi madre que se encontraba enferma. También fui a tratar con el laboratorio para poner una planta en Suiza para que la producción y los envíos de los productos a Cuba no cesaran por causa de la guerra.

También visité la Coruña con un recado de mi amigo en Cuba para su hija que estaba allí estudiando. Paraba la chica en la casa de los Naveiro y allí conocí a Maruja Naviero que desde que la vi pensé en casarme con ella. Antes de marcharme Para Cuba le pedí su mano, ella tenía 19 años y yo 30. Nos carteamos por tres años mientras duró la Guerra Civil y nos casamos por poder el 12 de julio de 1939. Después de muchas dificultades y de yo estarla esperando primero en Suiza y luego en Francia ella logró salir de España en el mes de septiembre y nos reunimos en la frontera de Francia, adonde su madre y tía la acompañaron.

Mientras estábamos en París tratando de salir de Europa se declaró la Segunda Guerra Mundial. No sé como me las ingenié para que nos dieran un salvoconducto para los dos y pudimos salir de París en uno de los últimos aviones civiles que salieron rumbo a Copenhagen. Ninguno de los dos habíamos volado antes y la experiencia fue inolvidable. La salida de Europa no fue nada fácil; a Maruja no le aceptaban fácilmente los papeles porque el gobierno de Franco tenía poco tiempo de establecido y todas las embajadas estaban además repletas de personas queriendo huir de la guerra.

Finalmente conseguimos salida por Estocolmo, Suecia, en ruta a Nueva York. El barco era excelente, llevaba una bandera gigantesca de Suecia que tapaba toda la cubierta del barco para que los aviones no lo atacaran. En el iban muchos judíos y personas que escapaban de la Guerra. Después que llegamos a N.Y. fue cuando pudimos avisar a la familia en Cuba que no sabía si estábamos vivos o muertos.

De regreso a Cuba empecé mi vida de casado con Maruja que completó mi existencia como persona. Ella y la familia que formamos con nuestros tres hijos me proporcionó la felicidad y satisfacción personal que me dio el estímulo necesario para seguir luchando hasta lograr el éxito del Laboratorio Om.

Entre las cosas que impulsaron a que el laboratorio adquiriera el prestigio nacional del país fue que introducimos la penicilina antes de los laboratorios norteamericanos. Yo me pasaba el tiempo las revistas médicas y leí sobre el descubrimiento de la penicilina y las pruebas y éxitos de este medicamento. Me puse en contacto con las firmas que yo compraba la materia prima y el Laboratorio Om sacó la penicilina al mercado antes que las firmas extranjeras la introdujeran en Cuba.
Otro producto que fue un éxito fue la estreptopenicilina. Cuando fui a los E.E. U.U. a comprar la materia prima les expuse mi idea de combinar la estreptomicina con la penicilina y me dijeron que eso era imposible. Yo seguí con mi idea y los químicos de nuestro laboratorio lo llevaron a cabo y el producto se puso en el mercado con muy buen resultado. A los seis meses los E.E.U.U. empezaron a fabricarlo.

El Laboratorio Om sostuvo durante años a más de 400 familias cubanas que directamente o indirectamente vivían de esa industria. Además del laboratorio estaba la imprenta Atalaya que llegó a ocupar un primer lugar al imprimir La Revista Medicina Latina que se repartía a todos los médicos y farmacéuticos, también imprimía los folletos de información médica y las etiquetas para los envases de mas de 300 distintos productos que se elaboraban en el laboratorio. Recuerdo el primer folleto que le ordené a su propietario Armando Botana, era para el producto Cromacrina. Entonces la imprenta consistía de un pequeño local con una imprenta y un empleado. Le facilité el importe del grabado y el costo del papel. Conforme el negocio del laboratorio fue creciendo, también creció la imprenta. Armando se llevó a trabajar con el primero a un hermano y luego a otro y no tardaron en tener una planta de mas de 30 empleados con máquinas de primer orden capaces de imprimir, además de lo ya todo mencionado, la revista de la firma Kodak.

En el Laboratorio los médicos y farmacéuticos tenían a su disposición una biblioteca de libros especializados en química médica y otra biblioteca de revistas de medicina de los principales países En el departamento de química se facilitaban clases para los alumnos del último año de Farmacia de la Universidad de la Habana. También había un salón de operaciones en que los cirujanos podían operar en distintos animales y experimentar con los nuevos medicamentos. Estos animales vivían en un lugar especialmente para ellos que había en el terreno detrás del laboratorio.

Los empleados del laboratorio, disfrutaban del salario mayor que ninguna otra empresa o industria ofreciera en Cuba. Trabajaban 35 horas a la semana, y de acuerdo con la ley cubana del trabajo, recibían un mes de vacaciones pagadas por cada once de trabajo y por acuerdo de entre empresa y empleados, un mes de enfermedad por cada once de trabajo. Tenían derecho a atención médica y las mujeres embarazadas la recibían antes y después del parto. Estos servicios estaban regulados por la Ley del Retiro del Empleado comprendidos en los pagos obligados que tenían que abonar todos los empleadores y empleados.

Como mencioné anteriormente eran muchas las familias que dependían de la firma Laboratorio Om, L. García y Cía. y este sostén de familias fue proporcionado por el jovencito que llegó a La Habana el 20 de mayo de 1920.

Como informe verdadero, y sin deseos o ambición de ganar honores, en esos años que además del laboratorio, construí algunos edificios, he tenido bajo mi control económico dependiendo de mi a más de quinientas sesenta y cinco familias en distintos períodos de mis actividades. Todo esto que me dio satisfacción en su momento también me causa ahora sentimientos tristes, porque a raíz de Castro y su llamada revolución en 1959 todo lo relatado anteriormente dejó de existir. No lo siento sólo por los que formamos nuestra familia García-Naveiro pero también por los que se desarrollaron a mi lado y que formaron familias a la par que yo.

Mi principal interés al escribir este conjunto de recuerdos es dejar un testimonio demostrativo de lo que Cuba fue, gracias a lo que todos contribuyeron para realizarlo. Al mismo tiempo para que los cubanos del mañana sepan lo que se obtiene con el trabajo y el empeño en mejorarse y lo pronto que todo perece con la falta de hombres incapaces de hacerlo o de sostener con orgullo lo que otros lograron.

 
Testimonio de su hija María Berta (Maruchi)
D. Leoncio García López
Mi padre
Mi padre, Leoncio García López nació en Belén de Valdés, Asturias el 6 de mayo del 1906. Sus padres Emilia y José tuvieron otros 5 hijos. Tres hembras y tres varones, y mi padre fue el quinto,. Emigro a Cuba en el ano 1920, cumpliendo allí al poco de llegar los catorce anos. Logro convencer a sus padres que lo dejaran ir porque un vecino que ya estaba establecido en Cuba llevaba a dos hermanos un poco mayor que mi padre y el se unió al grupo. Cuando le pregunte porque se quiso marchar tan joven me contesto porque no sabía lo que estaba haciendo. (Un hermano mayor de mi padre se había marchado para Argentina. Murió al os 45 anos de una embolia allí sin haber regresado a España. No dejó familia.

Mi padre en Cuba no tenía familia pero si había un conocido que lo había reclamado. Comenzó a trabajar en una bodega y dormía detrás de la misma. A la edad de 19 años había ahorrado para comprar con un socio su propia bodega. Su madre siempre siguió insistiendo para que regresara a España y ella le pedía a un vecino que vivía en Cuba que lo animara a regresar, pero él ya se había adaptado y le iba bien en Cuba y podía desde allí ayudar a su familia.

No solamente mi padre aprendió mucho de negocios y supo administrarlos, pero también le intereso educarse. Sólo tenía estudios Primarios. Había ido a la escuela de Belén donde empezó a ir desde muy pequeño con sus hermanos mayores. En Cuba buscó profesores particulares y aprendió el inglés, que después lo uso mucho en su negocio de Laboratorio, y estudio el francés e italiano. Fue un autodidacta, una persona muy inteligente con mucha visión para los negocios.

Con poco más de veinte años regresó a ver a sus padres y así lo hizo otras veces. Siempre ayudo a la familia y traía regalos que no tenían en la casa. En uno de esos viajes quiso conocer a Madrid y en el tren leyendo el ABC vio un anuncio de un laboratorio que vendía medicinas para enfermedades venéreas. Pensó que como en Cuba había tantos hombres inmigrantes que estaban solos y utilizaban los servicios de prostitutas, seria un buen negocio el introducir esas medicinas en la isla. Al llegar a Madrid, pidió a la recepcionista del hotel que llamara al Laboratorio y logró conseguir una entrevista. El mismo nos contaba que cuando propuso el negocio, le preguntaron si era farmacéutico o doctor y el les contestó: “No, soy negociante”. Así surgieron lo que acabarían siendo Los Laboratorios Om, de Cuba. En uno de los viajes a España en el año 1927 mi padre llevo a su hermana Socorro a vivir a Cuba. Allí mi tía conoció a un joven llamado Pelayo Bergueiro con quien contrajo matrimonio y tuvieron una niña Emilia en el año 1936. Es la única prima hermana que tenemos por parte de mi padre. MI tío Pelayo fue socio de mi padre en el Laboratorio. El laboratorio primero tenía un local en la Habana y el nuevo edificio se inauguró en el ano 1947. Fue intervenido por el gobierno de Castro en el ano 1960, y está siendo utilizado ahora para fabricar toallas sanitarias y me han dicho que antes el gobierno castrista lo utilizó para hacer ampulas. Nosotros tenemos el rotograbado del Periódico Diario de la Marina con las fotos del edificio e inauguración del año 1947.

En el año 1936, fue a visitar a su madre que estaba muy enferma y en ese año conoce en la Coruña a nuestra madre Maruja Naveiro López. Tenía un amigo en Cuba que tenía a su hija en España y se quedaba en casa de mi madre mientras estudiaba en La Coruña. Mi padre en quien se fijo fue en mi madre y después de unos días antes de partir para Cuba le pidió casarse y pidió la mano de la joven. Mi padre tenía treinta anos y mi madre diecinueve. La guerra Civil comenzaba y se cartearon tres años. Mi padre y mi madre se casaron por poder el 12 de julio del año 1939 y se reunieron en la frontera de Francia en septiembre. La guerra Civil se había acabado pero el gobierno de Franco estaba en su comienzo y todo resulto difícil. Además la Segunda Guerra Mundial se declaró cuando los dos se encontraban en Paris y mi padre se las ingenio para poder salir los dos en uno de los últimos aviones civiles que salió de Paris para Copenhagen. Ninguno de los dos se habían montado en un avión. Mi madre en realidad nunca había salido de Galicia. En realidad este relato es otra historia de la cual se podría hacer una película de esa época. Salieron para Nueva York desde Estocolmo junto con muchos judíos que marchaban para New York. Mientras en La Habana pensaban que los dos habían muerto en un barco que hundieron los alemanes.

Mis padres nos tuvieron a los tres, en el espacio de cuatro anos. José Leoncio (Pepe) nació el 1 de julio de 1940, Yo María Berta (Marujita y luego Maruchi) el 4 de julio de 1941 y mi hermano menor Leoncio Andrés, el 30 de noviembre de 1943. Además de mi madre y nosotros, le sobreviven las esposas de mis hermanos Pepe-Sharon, Leoncio-Sally, once nietos y seis bisnietos

Mi padre y nosotros salimos de Cuba en agosto de 1960. Y un par de meses mas tarde salio mi tío y su familia. Nunca mas hemos vuelto a Cuba, esperando que ese sistema de gobierno termine pero al paso que va creo que nunca volveremos. Una de las penas mas grande que mi padre tenía es que no pudo volver a Cuba y ver una solución as todos sus años de trabajo y esfuerzo. Mis padres vivieron en los E.E.U.U. por seis anos y decidió mi padre ir a Madrid para emprender un negocio de laboratorio, pero la persona con que iba a hacerlo falleció de repente, y él sólo no se decidió, primero por desconocer el mercado, miedo de perder el dinero que tenia y siempre esperando que lo de Cuba se solucionara.

En mayo del 1999 por fin decidieron mudarse de nuevo a los E.E.U.U. para estar cerca de nosotros y por la avanzada edad de mi padre, el tenia 93 y mi madre 81. Yo fui a ayudarlos con la mudanza, y los dos lloraban al dejar a Madrid después de 33 años de vivir allí Decidieron mudarse para Pa. Cerca de mis dos hermanos, porque la vida es un poco mas económica que en Nueva York. Allí había vivido cuatro años antes de marchar para España, mientras mis hermanos estudiaban, y donde nacieron mis dos primeros hijos.

Mi padre nunca olvidó su lugar de nacimiento y se sintió muy orgulloso del homenaje que le brindaron en año pasado en Belén. Siempre tuvo presente sus raíces españolas al igual que mi madre y nos enseñaron a nosotros a estar orgullosas de ellas, tanto de Asturias como de Galicia. Igualmente nunca pudo olvidar a Cuba a la que aprendió a querer como su segunda patria, que lo convirtió en un empresario de éxito y en la cual nacieron sus tres hijos.